Plaguicidas en alimentos
Fotografía: UDGTV
Autlán de Navarro, Jalisco.

A dos años de que inició la investigación, la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) concluyó que plaguicidas envenenan silenciosamente los organismos de niñas, niños y adolescentes de la zona agrícola de la Región Costa Sur de Jalisco.

El 25 de junio de 2019, investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de Occidente (CIESAS) detectaron tal escenario en la comunidad de El Mentidero, en Autlán de Navarro. Medios de comunicación replicaron la información los siguientes días.

Sus pruebas se centraron en 53 estudiantes de la telesecundaria Venustiano Carranza, en quienes los especialistas localizaron residuos de los herbicidas glifosato y 2,4-D. Todos los menores de 13 a 15 años de edad los tenían.

Entonces, los investigadores realizaban un estudio sobre las “Causas de insuficiencia renal en niños de preescolar y primaria de la comunidad de El Mentidero”, con el objetivo de encontrar datos comparativos con el estudio de daño renal en el municipio de Poncitlán, en la comunidad de Agua Caliente.

Los padres de los jóvenes comentaron que éstos tenían dolor de cabeza e irritación de ojos y garganta. Eventualmente, los expertos relacionaron esos síntomas con la ubicación de su plantel: una parcela donde se siembran hortalizas y se fumiga al menos dos veces por semana.

A raíz de esos resultados, se integró un grupo multidisciplinario en el que se involucraron el sector Salud, la Dirección de Agricultura y Desarrollo Rural, la Dirección de Ecología y Medio Ambiente e investigadores del Centro Universitario de la Costa Sur.

Los expertos de la Universidad de Guadalajara (UdeG) explicaron a los padres de familia que el contacto con plaguicidas puede generar enfermedades crónico-degenerativas. Ellos, por cierto, no fueron citados a la primera reunión del grupo multidisciplinario, pero de igual forma se presentaron, manifestaron su preocupación y exigieron soluciones, ya que diariamente se rociaba la parcela de la escuela.

Habla Gisela Cisneros Castillo la madre de una de las alumnas de la telesecundaria Venustiano Carranza que resultaron afectadas

“(Las autoridades) dijeron que nos iban a dar una solución, pero no fue así, ya que el señor que estaba sembrando lo volvía a hacer; entonces, buscamos acercarnos con más instituciones. Nos reunimos en la presidencia, en la Universidad y también fuimos a Derechos Humanos. Ya como al año de eso, el señor que sembraba lo dejó de hacer”.

La comunidad de El Mentidero se encuentra en una zona cercana a terrenos agrícolas. Muchos de sus habitantes tienen su fuente de ingresos en ese sector laboral.

Ante ello, los primeros pasos que tomaron las autoridades municipales fueron realizar pláticas informativas en las escuelas con alumnos y padres de familia sobre los protocolos a seguir con los insumos y herramientas de manejo de pesticidas.

“Presidencia vino a dar unos cursos en el kínder con los papás, y en la secundaria con los niños. Sí es importante que empiecen a educar a los niños; mi hija ya estaba en la secundaria y su papá trabaja en el campo. Cuando su papá llegaba de trabajar, mi hija le decía que dejara su ropa en el corral, porque eso nos dijeron en una reunión que tuvimos: apartar la ropa e inmediatamente se metiera a bañar. Algo nos ha quedado y nos gustaría que siguieran educándonos, porque nosotros no tenemos esa educación; tenemos aquí cerca el canal y cuando rocían y llueve, todo eso se viene al canal”.

Las autoridades de Salud no dieron seguimiento médico a los niños afectados, solo se aseguraron de que no tuvieran daño renal: “Vinieron sólo una vez del Centro de Salud a sacarles sangre. Nos dijeron que no estaban dañados los riñones, que los resultados habían salido bien… y nada más”.

Gisela pide a las autoridades que no los dejen solos y que sigan avanzando en una solución.

“No nomás es aquí la comunidad esta, somos muchas comunidades que vivimos alrededor de lo que rocían. A raíz de esto vienen muchas enfermedades, que no lo tomen a la ligera y que sí nos den solución. Hay otras medidas. Sí se puede (rociar) sin pesticidas fuertes. Claro que es un poquito más caro, que apoyen a los del campo también, a veces le echamos la culpa a ellos, pero no tienen los recursos”.

Antonio Díaz